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martes, 23 de abril de 2013

¿Hombres cada vez menos viriles? La culpa es de la píldora

¿Liga más un actor de carácter o un tenista de empuje? Depende del ciclo. Los ojos se van hacia el tenista en los días de ovulación, y el actor manda el resto del mes. La píldora elimina la fase de ovulación, y con ella las oportunidades del tenista. Como el fenómeno lleva 40 años afectando a la elección de pareja, la generación actual es en gran parte su consecuencia.

No son los resultados de un estudio científico, sino de varias docenas de ellos. Alexandra Alvergne y Virpi Lummaa, de la Universidad de Sheffield, Reino Unido, han extraído esas conclusiones -y varias otras- revisando toda la evidencia acumulada en los últimos años. Han presentado hoy su análisis en Trends in Ecology and Evolution.

Muchos trabajos han mostrado que las preferencias sexuales de las mujeres varían con el ciclo de una forma consistente. Alrededor de la fase de ovulación, las mujeres se sienten más atraídas por los marcadores físicos de la masculinidad -hombros anchos y nariz y mandíbula prominentes-, por los hombres más dominantes y competitivos, y también por los que están menos emparentados genéticamente con ellas. La píldora elimina esa fase de las preferencias femeninas.

También los hombres tienden a sentirse más atraídos por las mujeres que están ovulando. Sólo han pasado seis millones de años desde que nos separamos del chimpancé y los códigos químicos siguen funcionando por debajo de la cultura y las convenciones sociales. Los autores sugieren, por esta razón, que la píldora reduce las posibilidades de una mujer para conseguir una pareja sexual. Unos 100 millones de mujeres toman hoy la píldora.



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miércoles, 6 de febrero de 2013

A los monos no les gusta la música... a menos que la hagan para ellos

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Monkeys don’t care much for human music, but apparently they will groove to their own beat.

Previous experiments have shown that tamarin monkeys prefer silence to Mozart, and they don’t respond emotionally to human music the way people do. But when a psychologist and a musician collaborated to compose music based on the pitch, tone and tempo of tamarin calls, they discovered that the species-specific music significantly affected monkey behavior and emotional response.

“Different species may have different things that they react to and enjoy differently in music,” said psychologist Charles Snowdon of the University of Wisconsin-Madison, who published the paper Tuesday in Biology Letters with composer David Teie of the University of Maryland. “If we play human music, we shouldn’t expect the monkeys to enjoy that, just like when we play the music that David composed, we don’t enjoy it too much.”

Indeed, the monkey music sounds shrill and unpleasant to human ears. Each of the 30-second pieces below were produced with a cello and Teie’s voice, based on specific features from recordings of tamarin monkey calls. The first “song” is based on fear calls from an upset monkey, while the second one contains soothing sounds based on the vocalizations of a relaxed animal.

Fearful monkey music: Download mp3

Happy monkey music: Download mp3

“What David has done is to create compositions that are based on structural aspects of the calls but aren’t directly mimicking the calls,” Snowdon said. “These are compositions that are intended to test whether we can convey emotional meaning and induce emotional states in other species.”

The researchers played each piece, as well as several samples of human music, for 14 tamarin monkeys that hadn’t heard music before. An independent observer recorded monkey behavior for five minutes before and after playing each selection. The monkeys didn’t respond at all to Nine-Inch Nails, Tool or Samuel Barber’s “Adagio for Strings,” but oddly enough, they did become slightly calmer after listening to “Of Wolf and Man” by Metallica.

Monkey music, on the other hand, had a significant and predictable effect on behavior. After listening to the fear-based track, the animals became anxious and upset, as indicated by increased activity and nervous behaviors like urination and scent marking. After hearing the calm music, the monkeys became more relaxed and social.

“It’s not obvious that this would happen, but I don’t think it’s terribly surprising,” said neuroscientist Josh McDermott of New York University, who studies primates and music but was not involved in this study. Because the researchers designed the sounds to share acoustical properties with the noises monkeys make to express emotions, McDermott said it’s natural the animals would respond emotionally.

“I think that the most interesting thing that has come out of this study is some suggestions for animal care,” he said. “It’s very common for people to play music for animals that are in captivity, because they figure that they’ll be interested in it or enjoy it. But our work suggests that they aren’t that interested in human music or prefer not to listen to it at all.” However, if music was tailored specifically to the kinds of sounds that animals are used to hearing, McDermott thinks it might have a more positive effect.

Teie, a cellist in the National Symphony Orchestra, came up with the idea of composing music for monkeys because he wanted to test his theories about how certain basic elements of music can be used to manipulate emotions. But because most people have been listening to music for so long, and therefore have significant likes and dislikes that color their emotional responses, he decided to test his ideas on a totally different species.

Teie contacted Snowdon to access a library of monkey recordings, and he quickly realized that some components of monkey communication are similar to the musical features found in human voice patterns.

“I sent him sound files of monkey calls,” Snowdon said, “and without explanation or any context, he was able to listen to them and tell what the context was.”

Although the tamarin songs don’t sound much like music to us, Teie said he wasn’t just imitating the monkey’s calls. “The very nature of music itself is that it’s stylized, that it almost extracts the emotional parts of the sound and makes it impossible to identify.” Teie used the same patterns to create the monkey music as he uses when composing human music, and he wrote out each song for the cello so that other cellists could play it too.

Next, the researchers want to find out whether other animals respond to species-specific music. “One of the implications of this research is that we’ve been mindlessly playing human music and assuming that other species will react to it,” Snowdon said. “But we just don’t know.”

Teie has been in touch with the National Zoo about composing music for wild animals in captivity, and he’s already created a company that markets melodies made specifically for felines (musicforcats.com). Stay tuned for canine classical and rabbit rock.

Image: Bryce Richter/University of Wisconsin-Madison. Audio: Copyright David Teie/University of Maryland.

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domingo, 30 de diciembre de 2012

Hasta casi cuatro kilos menos por estar 21 días sin moverse de la cama

Durante 21 d?as no se han levantado de la cama. Se trata de los doce voluntarios que han participado en el ?ltimo experimento de la Agencia Espacial Europea (ESA) para estudiar los cambios fisiol?gicos que sufren los astronautas en el espacio.

Durante tres semanas 12 hombres de entre 24 y 44 a?os han estado tumbados y con la cabeza colocada con una inclinaci?n de 6?. Durante este periodo han sido sometidos a numerosas pruebas, que continuar?n durante los pr?ximos d?as.

Seg?n explica la ESA en una nota de prensa, en este experimento han comprobado que la inactividad puede reducir la masa muscular y provocar una p?rdida de hasta casi cuatro kilos.

Un estudio, financiado conjuntamente por el CNES franc?s de la agencia espacial nacional y es parte de ELIPS, el Programa Europeo para la Vida y Ciencias F?sicas, ha obligado a los 'almohadanautas', como se les conoce, a vivir la experiencia en permanente contacto, con al menos uno de los hombros y la cadera, con la cama.

"Queremos conocer las mejores soluciones aplicables con el fin de contrarrestar el efecto de permanecer en el espacio o de estar inactivo, cuando los m?sculos y los huesos no se utilizan con normalidad" explica Vittorio Cotronei, responsable cient?fico de este experimento.

El equipo de m?dicos del centro de estudios cl?nicos MEDES, en Toulouse (Francia) que les monitoriza para hacer un seguimiento exhaustivo, ha observado que uno de los participantes ha reducido su capacidad muscular, provocando una p?rdida de casi 4 kilos.

Los participantes fueron divididos en tres grupos con el objetivo de probar tratamientos para mitigar la p?rdida de masa ?sea y muscular. Uno de los tres grupos, el llamado grupo de control, pas? las tres semanas sin ning?n tipo de contramedida. No se levantaron de la cama ni una sola vez, ni para ducharse o ir al ba?o.

Los otros dos grupos llevaran a cabo cortos pero intensos ejercicios de manera rutinaria en una plataforma vibratoria que ejercita los m?sculos de las piernas amortiguando el movimiento de elevaci?n y ca?da. Unas correas les sujetan a la plataforma con una fuerza equivalente a unos 100-200 kg mientras los 'almohadanautas' llevan a cabo ejercicios de presi?n, levantando y bajando la piernas, durante unos minutos.

Estos ejercicios rutinarios se repiten cada tres d?as. "No es mucho tiempo, pero indudablemente se nota" afirma Eddy, del grupo de ejercicios. Adem?s uno de los grupos, adem?s de hacer los ejercicios ingiere suplementos de prote?nas, tal y como hacen los culturistas, con el fin de incrementar su masa muscular.

Los voluntarios participar?n en todas y en cada una de las fases de este proyecto, cuya duraci?n total ser? de un a?o. Entre cada sesi?n de reposo tienen cuatro meses para recuperarse y descansar.

Las habitaciones son compartidas. En cada una hay dos voluntarios y todos debaten sobre los procedimientos a trav?s de grupos de chats. M?dicos de Francia, Alemania, Italia, Austria y Canad? llevan a cabo los experimentos.

Los participantes tienen acceso a Internet y todos est?n de acuerdo en que el contacto social los mantiene motivados. "Algunas personas nos ven como cobayas, pero sabemos exactamente lo que hacemos y no somos en absoluto animales de laboratorio" dice Marc, que forma parte del grupo que hace ejercicio y toma un suplemento alimenticio.

"El personal m?dico est? muy ilusionado con los experimentos y son muy amables" dice Marc, "Estamos en contacto con la familia y los amigos con regularidad, as? como con nuestros colegas, postrados en cama, y esto nos ayuda a seguir adelante".

Otro de los participantes, Nicolas, del grupo de control, anima a que aquellos que lo deseen a presentarse voluntarios para pr?ximos estudios, ya que "permanecer tumbado es una buena oportunidad para conocerse mejor a uno mismo y una forma impresionante de participar en la aventura espacial del ser humano".



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