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lunes, 18 de febrero de 2013

Semillas de planetas en torno a una estrella fallida

Un equipo de astr?nomos se ha topado con un sorprendente e inesperado hallazgo: granos de polvo c?smico rodeando estrellas fallidas, tambi?n conocidas como enanas marrones. Esto supone encontrar semillas de futuros planetas rocosos en un lugar insospechado hasta el momento.

El hallazgo supone un reto para las teor?as sobre c?mo se forman los planetas rocosos, de similar tama?o a la Tierra, y sugiere que estos pueden ser m?s comunes en el Universo de lo que se cre?a hasta ahora.

El equipo de astr?nomos del Observatorio Austral Europeo (ESO, por sus siglas en ingl?s) detect? a trav?s del telescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), situado en la ciudad de Atacama, Chile, estas diminutas part?culas (parecidas al holl?n o a granos de arena) en las regiones exteriores del disco que rodea a una enana marr?n (conocida como Rho-Oph 102), un objeto parecido a las estrellas, pero demasiado peque?o para brillar como una estrella.

Se cree que los planetas rocosos se forman por la colisi?n aleatoria y la uni?n de las part?culas microsc?picas, conocidas como polvo c?smico, que rodean a las estrellas. Sin embargo, los astr?nomos no esperaban encontrar este material alrededor de las estrellas fallidas. Cre?an que era imposible que el polvo pudiera crecer porque los discos estaban muy dispersos y las part?culas se mover?an demasiado r?pido como para pegarse tras chocar unas con otras. Adem?s, las teor?as predominantes afirman que, en torno a las enanas marrones, cualquier grano que quisiera formarse se mover?a con rapidez hacia la enana marr?n desapareciendo totalmente.

"Nos sorprendi? much?simo encontrar granos de tama?o milim?trico en ese disco delgado y peque?o," dijo Luca Ricci, del Instituto Tecnol?gico de California (EEUU), quien lidera un equipo de astr?nomos con sedes en Estados Unidos, Europa y Chile. "No estamos seguros de que puedan desarrollarse planetas rocosos completos, o de si ya ha ocurrido antes, pero estamos viendo los primeros pasos, de manera que tendremos que cambiar nuestras suposiciones sobre las condiciones que se requieren para el crecimiento de s?lidos", afirm?.

La mayor resoluci?n proporcionada por el telescopio ALMA, comparada con la de telescopios anteriores, tambi?n ha permitido al equipo localizar gas mon?xido de carbono alrededor de la enana marr?n —es la primera vez que se detecta gas fr?o molecular en este tipo de discos. Este descubrimiento, junto con el de los granos de tama?o milim?trico, sugiere que el disco alrededor de la estrella fallida es m?s parecido a los que se encuentran en torno a estrellas j?venes de lo que se cre?a.

Este mismo telescopio permitir? en un futuro obtener im?genes detalladas del disco que rodea a Rho-Oph 102 y de otros objetos. Ricci explic? que "pronto seremos capaces, no solo de detectar la presencia de peque?as part?culas en los discos, sino de saber c?mo se reparten a lo largo del disco circumestelar y c?mo interact?an con el gas que tambi?n hemos detectado en el disco. Esto nos ayudar? a comprender mejor c?mo se forman los planetas".



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sábado, 24 de noviembre de 2012

El renacer de una estrella presagia el destino del Sistema Solar

El renacer de una estrella presagia el destino del Sistema Solar Los astrónomos han detectado cómo una estrella agonizante similar a nuestro Sol volvía a cobrar vida tras expulsar sus capas más externas al espacio. Este fenómeno puede ser muy similar al destino que afrontará nuestro Sistema Solar dentro de unos pocos miles de millones de años.

Esta nueva imagen de la nebulosa planetaria Abell 30, situada a 5.500 años luz de nuestro planeta, combina imágenes tomadas en la banda de la luz visible por el telescopio espacial NASA/ESA Hubble con los datos recogidos en la banda de los rayos X por los telescopios XMM-Newton, de la ESA, y Chandra, de la NASA.

Una ‘nebulosa planetaria’ es el nombre que reciben las capas, a veces concéntricas, de material expulsado por una estrella en los últimos momentos de su vida. Vistas a través de los telescopios de los astrónomos del siglo XVIII, se parecían mucho a los ‘borrones’ identificados como planetas, y ese nombre ha logrado perdurar hasta nuestros días.

Hoy en día sabemos que se producen cuando una estrella con una masa menor que ocho veces la de nuestro Sol se infla en las últimas etapas de su vida hasta convertirse en una gigante roja. Durante este proceso, fuertes pulsaciones y un intenso viento estelar arrastran sus capas más externas, que son expulsadas al espacio.

La radiación ultravioleta emitida por el núcleo resultante ilumina las capas de materia expelida, dando lugar a complejas obras de arte que somos capaces de contemplar con la ayuda de los telescopios modernos.

La estrella en el corazón de Abell 30 se enfrentó por primera vez a la muerte hace 12.500 años – en una escala terrestre – cuando un lento y denso viento estelar la despojaron de sus capas más externas.

Ante los telescopios ópticos, los restos de esta etapa evolutiva se muestran como una gran cáscara brillante, prácticamente esférica, que se expande por el espacio.

Hace unos 850 años, la estrella volvió a cobrar vida, tosiendo violentamente nudos de helio y materia rica en carbono.

La capa externa de la estrella se expandió brevemente durante este renacer, para luego volver a contraerse rápidamente, en apenas 20 años.

Como consecuencia de esta convulsión, el viento estelar se aceleró hasta alcanzar su velocidad actual de 4.000 kilómetros por segundo – más de 14 millones de kilómetros por hora.

A medida que este rápido viento avanza y se encuentra con vientos más lentos y con grumos de materia expelida por la estrella con anterioridad da lugar a complejas estructuras, entre las que destacan las delicadas colas, similares a las de los cometas, que se pueden ver cerca de la estrella central en esta imagen.

El viento solar bombardeando estos densos cúmulos de materia proporciona una escalofriante imagen del futuro que le podría esperar a la Tierra y al resto de planetas de nuestro Sistema Solar dentro de unos pocos miles de millones de años.

Cuando nuestro Sol emita su último aliento en el corazón de una nebulosa planetaria, su intensa radiación y viento solar acribillarán y evaporarán cualquier planeta que haya logrado sobrevivir la fase de gigante roja.

Si en ese momento alguna lejana civilización observa nuestro Sistema Solar, seguramente podrá ver el resplandor de las brasas de los planetas, emitiendo rayos X mientras son engullidos por el viento solar.

European Space Agency, ESA


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