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miércoles, 24 de abril de 2013

Un insecto camuflado desde hace 110 millones de años

El tiempo se detuvo en la cueva c?ntabra de El Soplao hace 110 millones de a?os. El ?mbar en el que qued? preservado una larva de insecto ha permitido a la naturaleza conservar una fotograf?a del pasado y revelar que ya durante el Cret?cico, estas criaturas se camuflaban de una manera similar a la que lo hacen algunas especies que viven en la actualidad.

Aunque el hallazgo de esta larva de apenas 4 mil?metros y cubierta con restos vegetales se produjo en 2008 en la cueva c?ntabra, no ha sido hasta ahora cuando sus descubridores han revelado que se trata de la prueba m?s antigua de camuflaje de insecto encontrada hasta ahora. Los detalles de su estudio se publican esta semana en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS), en un art?culo que firman conjuntamente cient?ficos de la Universidad de Barcelona, del Museo Geominero del IGME, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y de la Universidad de Kansas (EEUU).

"El m?s antiguo ejemplo f?sil antes de este descubrimiento ten?a una edad de unos 44 millones de a?os (?mbar B?ltico, periodo Eoceno), por lo que hemos dado un salto de m?s de 60 millones de a?os", explica a ELMUNDO.es diario Enrique Pe?alver, investigador del IGME y coautor de este estudio.

Reconstrucci?n de 'Hallucinochrysa diogenesi' y detalle de la cabeza. | Jos? Antonio Pe?as.

Reconstrucci?n de 'Hallucinochrysa diogenesi' y detalle de la cabeza. | Jos? Antonio Pe?as.

La especie f?sil era desconocida para los cient?ficos, que la han bautizado como 'Hallycinochrysa diogenesi' o crisopa alucinante de Di?genes. Su nombre hace referencia a su aspecto y al s?ndrome de Di?genes, un trastorno de comportamiento que lleva a las personas que lo sufren a acumular grandes cantidades de basura y de art?culos sin utilidad.

En este caso, la basura que camufla al animal est? compuesta por tricomas, es decir, peque?os pelos vegetales que crecen en la planta como si fueran ap?ndices y que desempe?an diferentes funciones, como absorber agua, regular la temperatura o dispersar las semillas. Los investigadores han averiguado que los restos vegetales corresponden a helechos.

Seg?n explican, la larva depredadora iba recolectando con su mand?bula la mara?a de peque?os filamentos que la cubren, con el objetivo de ser confundida con su entorno y mantener alejados a sus depredadores. Esta estrategia de supervivencia, conocida como transporte de basura ('trash-carrying' en ingl?s) se sigue utilizando en la actualidad para esconderse de los depredadores o poder pillar por sorpresa a potenciales presas.

Los cient?ficos consideran, por tanto, que el comportamiento del camuflaje y las adaptaciones necesarias para conseguirlo aparecieron de forma muy temprana en los insectos.

"Incluso los insectos m?s peque?os deben protegerse de depredadores, de los cuales tambi?n los hay muy peque?os, por lo que a su escala el camuflaje es eficaz. Este camuflaje de cubrirse con basura en insectos s?lo se da en las larvas, nunca en los adultos. En la actualidad, el camuflaje no es frecuente, aunque en el grupo de los cris?poideos, al que pertenece la larva f?sil encontrada, es frecuente", afirma Pe?alver a trav?s de un correo electr?nico.

La criatura preservada en ?mbar que se describe en este estudio representa tambi?n un nuevo g?nero. Aunque su aspecto era diferente al de las actuales crisopas verdes, su comportamiento guardaba similitudes. Las larvas de crisopas verdes contempor?neas acumulan restos animales y vegetales de todo tipo, aunque los sujetan con unos peque?os mu?ones con pelos que tienen en el dorso. La larva fosilizada, sin embargo, ten?a largos t?bulos con muchos pelos terminados en forma de trompeta, que actuaban como un ancla que imped?a que la basura se desprendiera al moverse.

Los investigadores han reconstruido el aspecto que deb?a tener: "En la reconstrucci?n se ve la larva, no el adulto. La larva tiene unos largos t?bulos en el dorso con los que reten?a las estructuras vegetales para camuflarse, y unas grandes mand?bulas. Los adultos ser?an un poco m?s grandes y con grandes alas muy delicadas con muchas venas", a?ade el cient?fico.

Tambi?n destacan la estrecha relaci?n que ya exist?a entre las plantas y los insectos, pues ambos se ve?an beneficiados de su colaboraci?n. Por un lado, el helecho aportaba a la larva tanto un hogar como basura para camuflarse, mientras que el insecto manten?a al helecho libre de plagas.

El yacimiento de ?mbar de El Soplao es una aut?ntica mina para los paleont?logos. Es el m?s abundante de la Era Mesozoica de Europa y ha permitido descubrir nuevas especies de insectos fosilizados. El ?mbar es la resina fosilizada de plantas que vivieron hace millones de a?os. Desde julio de 2008, cuando se anunci? el descubrimiento del yacimiento paleontol?gico de ?mbar de R?bago/El Soplao, se han llevado a cuatro excavaciones.

Las investigaciones est?n siendo realizadas por un equipo formado por cient?ficos de diferentes centros, como el Instituto Geol?gico y minero de Espa?a (IGME), la Universidad de Barcelona, la Universidad de Lyon, la Universidad del Pa?s Vasco, el Centro Superior de Investigaciones Cient?ficas (CSIC) y el Centro de Astrobiolog?a (INTA-CSIC).

"En el ?mbar de El Soplao se est?n encontrando muchos insectos fosilizados. Se trata de un dep?sito muy espectacular. Los insectos hallados en El Soplao tienen la misma edad y este es el ?nico encontrado camufl?ndose de esta forma", detalla Enrique Pe?alver.

En mayo de este a?o, un equipo de investigadores del Instituto Geol?gico y Minero de Espa?a (IGME) public? otro estudio sobre el hallazgo en el yacimiento de Pe?aferrada (?lava) de peque?os insectos cargados de polen que hab?an quedado atrapado en ?mbar. Los f?siles, que constituyeron la prueba m?s antigua de polinizaci?n, tambi?n ten?an unos 110 millones de a?os de antig?edad.



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domingo, 25 de noviembre de 2012

Un cúmulo camuflado entre la Tierra y la nebulosa de Orión

Un cúmulo camuflado entre la Tierra y la nebulosa de Orión Un equipo internacional de investigadores, con participación del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), ha descubierto un cúmulo estelar 'camuflado' dentro de otro cúmulo, concretamente dentro del que forma la Nebulosa de Orión.

Recientes observaciones de la Nebulosa de Orión llevadas a cabo por Hervé Bouy (Centro de Astrobiología, CSIC-INTA) y João Alves (Universidad de Viena) revelan que hay un segundo cúmulo masivo de estrellas ligeramente más viejas justo delante de esta nebulosa.

Pese a que los astrónomos sabían desde la década de 1960 que, en un primer plano, existía una población estelar entre el cúmulo y la Tierra, las observaciones han desvelado que esta población es más masiva de lo que se pensaba, y no está distribuida tan uniformemente como lo están los cúmulos alrededor de la estrella Iota Ori (visible a simple vista) o la punta sur de la Espada de Orión.

La importancia de este descubrimiento es doble: por un lado, el nuevo cúmulo identificado es un hermano ligeramente más viejo que el Cúmulo del Trapecio, que está en el corazón de la Nebulosa de Orión; y segundo, lo que los astrónomos han estado llamando Cúmulo de la Nebulosa de Orión es, en realidad, una complicada mezcla de estos dos cúmulos, a la que se suman otras estrellas de la Vía Láctea ajenas a ambos cúmulos.

Hervé Bouy, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), en Madrid, es uno de los autores de este trabajo y explica que "necesitamos completar con detalle lo que creíamos que eran las observaciones más fiables en cuanto a formación de estrellas y de cúmulos”.

El investigador destaca la necesidad de un profundo trabajo de seguimiento donde “si queremos comprender qué ocurre en esta región, la formación de estrellas en cúmulos, e incluso las primeras etapas de formación de planetas, debemos distinguir estas dos poblaciones que están mezcladas, estrella por estrella”.

"Para mí el misterio más intrigante es que el hermano mayor, el cúmulo de Iota Ori, esté tan cerca de su hermano menor, aún formándose dentro de la Nebulosa de Orión”, afirma João Alves, de la Universidad de Viena. "Es difícil encajar estas nuevas observaciones en ningún modelo teórico anterior de formación de cúmulos, y eso es emocionante porque sugiere que hemos estado pasando por alto algo fundamental. Los cúmulos son, con diferencia, la forma preferida de formación estelar en el Universo, pero aún estamos lejos de comprender exactamente el porqué”.

La Nebulosa de Orión es una de las más grandes del cielo nocturno. Su catalogación se remonta a hace más de 400 años, cuando fue descrita como “niebla” en los registros que de sus observaciones hacía el astrónomo francés Nicolas-Claude Fabri de Peiresc (1610).

El descubrimiento de la Nebulosa de Orión está íntimamente ligado a la utilización de los primeros telescopios, pero ha sido en los últimos sesenta años cuando se ha sabido la verdadera importancia astrofísica de este glamuroso objeto: la nebulosa, al igual que otros tantos objetos de la Vía Láctea y de otras galaxias, es una guardería de estrellas recién nacidas.

Dentro de la Nebulosa de Orión, los astrónomos han descubierto un amplio rango de estrellas jóvenes y objetos estelares, desde estrellas masivas ionizantes decenas de veces más masivas que nuestro Sol, hasta objetos conocidos como enanas marrones, que no tienen la suficiente masa como para quemar su hidrógeno y convertirse en estrellas.

De todas las guarderías masivas de nuestra Vía Láctea, la Nebulosa de Orión es la más cercana a la Tierra (a pesar de eso está a cerca de 1.300 años-luz de la Tierra). Esto hace que esta región sea especial, ya que ofrece a los astrónomos la mejor herramienta para comprender cómo la naturaleza transforma las nubes de gas muy difuso en soles que queman hidrógeno, estrellas fallidas y, eventualmente, planetas.

Los astrónomos ven en esta nebulosa el mejor banco de pruebas para el estudio de la formación estelar, el modelo de referencia. De hecho, muchas de las medidas establecidas que nos dicen cómo se forman las estrellas provienen de esta importante región como, por ejemplo, las distribuciones de masa en el nacimiento de estrellas y enanas marrones, sus edades relativas, su distribución espacial, y las propiedades de los discos circumestelares en los que se forman planetas que rodean a las jóvenes estrellas de la Nebulosa de Orión.

CAB (CSIC-INTA) | SINC


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