miércoles, 6 de febrero de 2013
Para ver puede bastar con oir
La Sala San José de Caracciolos acoge la exposición 'Sombras de poder', hasta febrero del año próximo.
Científicos descubren que la cantidad de espermatozoides bajó un tercio en los últimos 20 años
Vida sedentaria, estrés, sobrecarga laboral, trastornos de ansiedad, ¿antenas de celular?, todos factores que podrían estar contribuyendo a que nuestra forma de vida haya cambiado, para peor, en las últimas décadas.
Quizás en otros tiempos se vivía menos a causa de los pocos avances de la medicina para curar algunas enfermedades que hoy ya están erradicadas, pero sin duda se vivía mejor y con menos preocupaciones. La pregunta es si esta forma de vida actual ¿podría hacer peligrar nuestra existencia misma?
Esto es lo que llevó a un grupo de científicos franceses a realizar un seguimiento de 26 mil hombres entre 1989 y 2005, a quienes se le realizaba un conteo regular de la cantidad de espermatozoides que producían. El estudio determinó que en casi todos los casos, la producción de espermatozoides había bajado casi un tercio de lo medido al inicio, de 74 millones por mililitro a 50 millones, una disminución constante anual de alrededor del 2%.
El estudio fue publicado en la revista Human Reproduction y destaca que los investigadores utilizaron bases de datos de 126 clínicas de fertilidad en Francia, donde se realizó el seguimiento partiendo de 26.600 muestras de hombres con muy baja probabilidad de tener problemas de infertilidad.
Además de la baja, también se detectó que existía un aumento de espermatozoides deformes o “malos nadadores”, en hombres con 35 años de edad promedio.
A pesar de que para la Organización Mundial de la Salud, una cantidad que pueda considerarse “normal” de esperma ronda los 15 millones por mililitro, para los científicos la preocupación es mayor y consideran que, el ritmo de caída del 2% podría traer problemas mucho antes de lo pensado.
Este tipo de estudios relacionados con el conteo de esperma siempre estuvo envuelto de cierta polémica, debido a que muchos analistas consideran que no se adecúan los procedimientos a segmentos plurales de la población. Esto no es un dato menor debido a que en algunos sectores socioeconómicos distintos, los resultados podrían variar considerablemente.
Link: Sperm count is falling in France, and globally, too, study says (Popular Science)
El pariente más antiguo de los dinosaurios
Ten?a el tama?o de un perro labrador, una cola que med?a m?s de un metro y pesaba entre 20 y 60 kilogramos. Diez o 15 millones de a?os antes de que los primeros dinosaurios conocidos poblaran la Tierra, criaturas como 'Nyasasaurus parringtoni' ya habitaban el supercontinente Pangea.
As? lo asegura un equipo de investigadores tras estudiar en profundidad f?siles de este animal, al que ahora han rebautizado como 'Nyasasaurus parringtoni' y cuyos restos fueron encontrados en la d?cada de los a?os 30 en el territorio que hoy es Tanzania. De hecho, su nuevo nombre rinde homenaje al investigador de la Universidad de Cambridge Rex Parrington, que encontr? el esp?cimen, y al lago africano Nyasa (hoy Malawi). Cuando esta especie viv?a, Tanzania formaba parte del sur del continente Pangea, que inclu?a a ?frica, Sudam?rica, Australia y la Ant?rtida.
Las conclusiones de su estudio, liderado por Sterling Nesbitt, de la Universidad de Washington, se publican esta semana en 'Biology Letters', una revista de la Royal Society.
F?sil hallado en Tanzania.| NHM
Seg?n sostienen los paleont?logos, estamos ante el dinosaurio o el pariente de dinosaurio m?s antiguo encontrado hasta ahora. Lo que es seguro, sostiene Paul Barret, investigador del Museo de Historia Natural de Londres, es que se trata de un animal muy cercano a los dinosaurios. Asimismo, se?ala que esta criatura respalda la hip?tesis de que los dinosaurios y los reptiles parecidos a los dinosaurios tuvieron su origen en los continentes del sur del planeta
Este animal habit? la Tierra entre diez y 15 millones de a?os antes de que lo hicieran dinosaurios como el Eoraptor y el Herrerasaurus. Es decir, retrasar?a en entre 10 y 15 millones de a?os la aparici?n del linaje de los dinosaurios respecto a lo que hasta ahora hab?an calculado los paleont?logos bas?ndose en los registros f?siles hallados. Seg?n la teor?a expuesta en este estudio, el origen de los dinosaurios se remontar?a al periodo Tri?sico medio y no el Tri?sico superior o tard?o, es decir, a hace entre 247 y 235 millones de a?os. En otros casos, la escasez de huesos imposibilitaba demostrarlo.
"Si 'Nyasasaurus parringtoni' no es el primer dinosaurio, entonces es el pariente m?s cercano encontrado hasta ahora", se?ala Sterling Nesbitt en una nota de prensa del Museo de Historia Natural de Londres (NHM). Nesbitt recuerda que durante los ?ltimos 150 a?os se ha sugerido la posibilidad de que hubiera dinosaurios durante el Tri?sico medio, aunque todas las pruebas que se hab?an encontrado hasta ahora eran ambiguas. Algunos paleont?logos utilizaban huellas de pisadas fosilizadas, pero hab?a animales que ten?an una huella parecida a la de los dinosaurios.
Seg?n el cient?fico, Nyasasaurus indica que probablemente los dinosaurios evolucionaron m?s temprano de lo que se pensaba y refutar?a la teor?a de que la diversidad de los dinosaurios explot? durante el Tri?sico tard?o.
Para realizar su investigaci?n, los cient?ficos dispon?an de un h?mero y seis v?rtebras. Los huesos de esta criatura tienen caracter?sticas comunes con los de los primeros dinosaurios y sus parientes m?s cercanos, como el tejido de los huesos de la extremidad superior, que muestra marcas que indican un r?pido crecimiento, o los huesos de la cadera.
Por lo que respecta a sus medidas, calculan que med?a un metro de altura, con una longitud de entre dos y tres metros y un peso de entre 20 y 60 kilogramos.
El f?sil principal utilizado para identificar a esta especie pertenece a la colecci?n del Museo de Historia Natural de Londres, aunque tambi?n se ha usado un segundo esp?cimen que se custodia en el Museo de Iziko de Sud?frica, en Ciudad del Cabo. Por ello, el investigador del MHN Paul Barret, destaca el importante papel de los museos a la hora de custodiar espec?menes cuya importancia se ha pasado por alto hasta que vuelven a ser estudiados con detalle. "Muchos de los descubrimientos m?s importantes en paleontolog?a se hacen en los laboratorios, o en las salas de almacenamiento de los museos, adem?s de en el campo", asegura Barret.
martes, 5 de febrero de 2013
Los arqueólogos aficionados reescriben la historia británica
They are known in the trade as "grot pots" – buckets and Tupperware boxes that amateur archaeologists and metal detectorists fill with battered, corroded, base-metal coins and other finds. And in these murky vessels our history is being rewritten.
As the money that funded an unprecedented explosion of professional archaeology during the economic boom years runs out, public hunger to peel back the past beneath our feet is helping to fill the gap. So the grots are identifying lost villages and settlements, Roman forts and temples, previously unknown trade routes; even mapping the slow ebb of the Roman empire from Britain.
By law, you must have a licence to excavate or remove even a pebble from a scheduled ancient monument or listed building, and all treasure finds anywhere must be reported. But anyone can pick up a metal detector – there are an estimated 180,000 in Britain – and take it into a ploughed field with the permission of the landowner. Fired by an unprecedented public interest in archaeology, thousands of people are doing just that, and the finds they report, often almost worthless in terms of cash, are proving true treasure.
"This is revolutionary stuff," says Sam Moorhead, a coins expert at the British Museum, who is in charge of the coins reported under the Portable Antiquities Scheme (PAS). "Gold doesn't map settlements – high-status coins could be hidden or lost anywhere. But where you've got 100 grots, you've got a settlement."
The grots have only been reported since 1996, when the PAS began establishing a national network of finds officers, to record and crucially map all the archaeological objects found by amateurs. The scheme has gradually forged a truce between most career archaeologists and the metal detectorists many previously regarded as little better than looters.
Reports of finds from bronze-age arrows to second world war cap badges are now running at 50,000 a year. Gradually, the detectorists realised that the archaeologists were interested in the rubbish in their grot pots. This week the scheme recorded its 400,000th object, a classic grot from Lincolnshire (see box, page 7) that has turned out to be a fabulously rare coin.
The grots have identified a Roman fort in Cornwall, where only three were known before. They've pinpointed a settlement on the edge of Dartmoor: "I've been there," Moorhead says. "It's bleak, bare and windswept even today. Nobody guessed the Romans were ever there."
Moorhead is just back from meeting an elderly man in Warwickshire who over half a lifetime has collected more than 1,000 coins in one small rural area where history says nothing interesting ever happened. "I guarantee that something major will be found," he says. The grots are tracking the extent of iron-age trade before the Romans arrived, and what happened as they left. "It's rewriting the history I learned. The old theory was that there was relatively little currency circulating in East Anglia in the late-Roman period – we know now that's not true because coins are pouring out of the ground."
Link to this interactiveThe PAS has grown at a time when archaeology has never been more popular. Millions tune in to programmes such as Coast and the apparently immortal Time Team. University courses are full. The annual festival organised every summer by the Council for British Archaeology, with thousands of open days, site visits, lectures and special events, is the largest in the world. The CBA estimates that more than 200,000 people are now involved in local archaeology groups, some mounting remarkably professional long-term projects.
The Sedgeford project in Norfolk, for example, which is directed by archaeologist Neil Faulkner, has just completed its 14th season. It is entirely community based, and has grown from a small excavation in an Anglo-Saxon cemetery to researching the entire history of the district. Each year, experienced volunteers join passionate amateurs and students in a project that combines research, training and sheer fun. Finds include a cow bone stuffed with gold coins and, three years ago, the missing finial of a beautiful torc – an iron age necklace – that was found more than 40 years ago.
Public interest has been fired by an incredible goldrush in British archaeology since 1990, when developers were first compelled to pay to record the archaeology that would be trashed by the buildings, roads, bridges or train tracks they wanted to construct.
As the economy boomed, things as wonderful as anything Carnarvon and Carter found in Tutankhamun's tomb have poured out of the ground, some found by metal detectorists, many by developer-funded excavation: a Roman lady rested in London in her sealed coffin on a pillow of bay leaves; a king lain with his finery heaped up around him in Southend; an archer waiting to be discovered at Amesbury with all the latest fashions in continental daggers, hair ornaments and pots; a Roman glass dish made of 1,000 tiny glass flowers that was held together by London mud; and a little enamelled bronze bowl – a Roman officer's souvenir of his time on Hadrian's Wall – turned up on a Staffordshire moor.
Some of the treasures could be from a child's romantic story: a Saxon princess's brooch studded with garnets from India found in the heart of Covent Garden; a silver gilt cup – a chalice, most unlikely to have been given up voluntarily by a French monastery – stuffed with Viking gold and silver loot found near Harrogate; a hoard of 824 gold coins minted by Boudicca's Iceni tribe found in a field near Wickham Market in Suffolk; a kilo of pure gold fashioned into exquisite iron-age jewellery found scattered across a field near Winchester.
But as the economy has crashed and burned, so has developer-funded archaeology.
It's lonely in Paul Belford's office, at Ironbridge Gorge in Shropshire. His archaeology unit was set up as an offshoot of the hugely popular museum, at one of the key sites that fuelled the industrial revolution. Like other small independent units, it competes for contracts from developers to carry out the archaeological investigation on their sites. Although Belford's unit has won some major contracts, with developers paying more than £100,000 for the research and excavation, most of their work is on small local schemes, such as a housebuilder putting a few units on to a small plot. Such projects might earn the outfit only a few thousand pounds, and were the bread and butter of their finances – but their former clients are being hit hard in the recession.
"Even in the good times this was never very profitable, but it was enough to keep things going," says Belford. "Of course there is now much less of this sort of work – and much more competition for it. As a result we have really suffered in the last 12 months.
"The other very serious issue is of developers themselves going bust, or refusing to pay money that they owe for projects. We have some bad debts of this sort, and I know of a couple of other units in the north of England that have been very badly affected by this issue."
Hundreds of miles away, Andy Greenspan – not his real name, as he desperately wants to keep his job at a much larger unit in the south-east – reports similar pressures. "Developer work is currently through the floor and still descending." There have already been many redundancies, including staff with 20 years' experience. Their management, competing with many others to submit the lowest tender, is no longer budgeting for overnight accommodation, and is also extending the working day and week without overtime.
"Perhaps I expect too much; management acting in an ethical manner to their staff or developers not reaching for the minimum costs because there is work of archaeological significance under their proposed new development," he says sadly.
Belford and Greenspan's experiences are reflected across the country. The Institute for Archaeology (IfA) has been monitoring job losses since the credit crunch began. "Since the summer of 2007, approximately 660 jobs have gone in the UK – nearly 10% of all the jobs in professional archaeology," Kenneth Aitchison, head of projects at the IfA, reports.
Only last month one highly regarded employer, the 15-year-old University of Manchester Archaeological Unit, closed: Aitchison's survey suggests it will not be the last. The looming replacement of the legislation compelling developers to investigate their sites is also causing concern; archaeologists worry that it may be weakened, particularly if, as seems likely, next spring brings a change of government.
Some archaeologists – though not the young professionals with mortgages to pay – believe the juddering halt in developer-funded digging is a useful, enforced pause for thought.
"This is indeed a time for cool heads, a time to stop and think about what we're doing, for a bit of housekeeping, to clear out our cupboards and write up all those reports – and to plan what we need to do next," says Professor Geoffrey Wainwright, former head of archaeology at English Heritage, and president of the 300-year-old Society of Antiquaries of London.
Percival Turnbull, director of a small archaeology unit based at Barnard Castle in Durham – "still managing to keep our heads above water, so far" – agrees. "The quantity of data unearthed [in the last decade or so] should be enough to keep generations of research students going for evermore: I certainly hope so, because there's not much point in unearthing all this stuff unless someone is going to try to work out what it all means."
Others would like to see more use made of the public's passionate interest. "One result of the sudden flood of developer funding was that it had the effect of professionalising archaeology, to the virtual exclusion of the public," says Roger Bland, a coins expert at the British Museum and now seconded as director of the PAS. "There's never been so much archaeology on television, but there again, if people are really interested and want to do it themselves, it's not easy. You might wonder if part of the massive increase of interest in metal detecting as a hobby is a result of that frustrated enthusiasm. There must be dividends in finding a way to harness that interest and energy."
At the National Trust, which already has hundreds of people paying to join archaeology and conservation work camps, head of archaeology David Thackray is plotting just such a project, which will long outlive him. The predictions on his desk suggest climate change and rising sea levels threaten thousands of miles of UK coastline, and at least 500 archaeological sites on National Trust land, from bronze-age promontory forts to 19th-century farm buildings.
"This is a 50-year project," he says. "If I were to hire every professional archaeologist in the country, it would hardly be enough to record, excavate and in some cases rescue these sites. The only possible way forward is to engage with local archaeology groups all over the country to adopt these sites, to monitor, research and in some cases join with us in working on them."
What joins the pessimists and the currently optimistic is the fear that things are going to get very much worse, as government spending cuts bite. Already English Heritage has seen its government grant eroded, and fears worse to come. The Heritage Lottery Fund, which has invested millions in archaeology, is seeing receipts from ticket sales fall, and has lost money to help pay for the 2012 Olympics. The PAS itself barely escaped swingeing cuts last year, after the Museums Libraries and Archives quango that administers it suffered a 30% cut in its government funding.
Professor Mark Horton, of Bristol University, says: "The big picture is why, with public interest in archaeology at the highest level for decades, there is less archaeology actually going on than 20 years ago?" Horton has a gung-ho approach to his profession reflected in his position as adviser to last year's rip-roaring BBC1 archaeology drama Bonekickers, mourned by diggers throughout the land, who had been glued to every episode in a mixture of slack-jawed incredulity and weeping hilarity. He is not a man to relish sitting around twiddling his thumbs waiting for the economy to recover.
He has excavated in Zanzibar, Egypt, the Caribbean and Europe. He is speaking as he packs to go to Heligoland with Coast, and as soon as he gets back is heading to Mongolia. However, he says, such jaunting about the world is no longer an optional extra, but essential for many senior archaeologists either to earn a living, or to impress their universities back home and secure future research funding. At home, he says sadly, the situation is dire. He believes that the impact of the recession will be a drastic scaling down of excavation, which he believes will play into the hands of some who feel invasive archaeology should only be done if there is a real threat to the site. "The heritage police have got their way, and we can leave our past pickled in aspic."
Wainwright does not agree. He is not even as pessimistic as many of his peers about the commercial sector. "Archaeology is always the first to anticipate those fabled green shoots – developers see things starting up again; they have a site they know they're going to want to develop in eight months' time or a year, and they want to get the archaeology done."
Percival Turnbull is philosophical and borderline optimistic. "I do think that we've lost as well as gained: lost much of the community of purpose that united us as archaeologists; the extraordinary special local knowledge and other expertise which had been built up in many places; the sheer fun of it all. On the other hand, I don't expect ever again to spend an evening washing string so that it could be re-used".
A common coin proves to be an extraordinary find
The disgusting-looking coin below is worth fractionally more today than it was 1,800 years ago, when you would have needed a wheelbarrow-full to pay a legionnaire's monthly wages. Yet it has coin historians at the British Museum dancing with excitement.
Earlier this month it became the 400,000th object logged since 1996 by the Portable Antiquities Scheme (PAS), which encourages voluntary reporting of all archaeological finds by amateurs and metal detectors – and it is a fabulous rarity.
It was found by a Lincolnshire lorry driver, Tim Camm, who has been metal-detecting for 30 years, and has reported sackloads of coins to his PAS county finds officer, Adam Daubney.
The copper alloy coin from the very brief reign of emperor Tetricus I – despite the sun-god rays on his head, the ruler of the breakaway empire of Gaul and Britain lasted barely three years before surrendering without a fight to Aurelian – was minted in Gaul between 271-274AD. His currency was so debased that his two mints were churning out more than a million coins a day, and yet this horrible little scrap of metal is only the fourth of its kind found anywhere in the world. The British Museum, with one of the best coin collections in the world, didn't have one – but it has now because Camm has presented his battered treasure, with pride.
viernes, 1 de febrero de 2013
Torbellinos en el viento solar
Torbellinos en el viento solar Utilizando los satélites Clúster de la ESA a modo de microscopio, un equipo de científicos ha estudiado el viento solar con un nivel de detalle sin precedentes, descubriendo minúsculos torbellinos que podrían jugar un papel muy importante a la hora de mantener la temperatura del plasma espacial.
La turbulencia es un fenómeno muy complejo que podemos observar en todas partes, desde el agua que sale de un grifo o el flujo de aire que rodea el ala de un avión, hasta los reactores experimentales de fusión nuclear o el espacio.
Se piensa que la turbulencia juega un papel muy importante a la hora de mantener el calor en el seno del viento solar – una corriente de partículas cargadas expulsada por el Sol.
El viento solar se enfría a medida que se expande por el Sistema Solar, pero mucho menos de lo que cabría esperar si el flujo fuese suave y laminar.
La turbulencia se origina a partir de irregularidades en el flujo de partículas y en las líneas del campo magnético. Tratar de analizar cómo se transfiere esta energía desde las grandes estructuras en las que se genera hasta las microestructuras en las que se disipa es tan complejo como intentar trazar el flujo de energía desde el cauce tranquilo de un río hasta los torbellinos que se forman al final de una catarata.
En este nuevo estudio, se han utilizado dos de los cuatro satélites que componen la misión Clúster de la ESA para estudiar en detalle la turbulencia del plasma del viento solar.
Estos dos satélites viajaron en la dirección del flujo guardando una separación de apenas 20 kilómetros, y utilizaron su ‘modo ráfaga’ para tomar 450 medidas por segundo del plasma que les rodeaba.
Al comparar sus resultados con los modelos matemáticos, los científicos pudieron confirmar la existencia de láminas de corriente de apenas 20 kilómetros de espesor en los bordes de los torbellinos.
“Estos resultados nos muestran por primera vez que el plasma del viento solar está extremadamente estructurado incluso a una escala tan pequeña”, explica Silvia Perri, de la Universidad de Calabria, Italia, autora principal del artículo que presenta este hallazgo.
Clúster ya había detectado láminas de corriente de unos 100 kilómetros de espesor en la envoltura magnética, la región comprendida entre la burbuja magnética que rodea a la Tierra – la magnetosfera – y la onda de choque generada por el viento solar.
En los bordes de estos torbellinos se detectaron ‘reconexiones magnéticas’, el proceso por el que líneas de campo magnético de sentido opuesto se abren de forma espontánea y se reconectan con otras líneas de su entorno, liberando energía.
“A pesar de que todavía no hemos detectado reconexiones a esta nueva pequeña escala, está claro que nos encontramos ante una cascada de energía que podría contribuir al calentamiento del viento solar”, explica Silvia.
Nuevas misiones como Solar Orbiter de la ESA o Solar Probe Plus de la NASA estudiarán si también se producen estos fenómenos en el entorno inmediato del Sol, mientras que la misión MMS de la NASA se centrará específicamente en el estudio de estas pequeñas escalas donde se sospecha que también se podrían producir reconexiones magnéticas.
“Estos resultados de Clúster demuestran la capacidad única de esta misión para estudiar la física del Universo, en este caso llevando al límite la capacidad de medición de sus instrumentos para descubrir nuevos fenómenos a pequeña escala”, comenta Matt Taylor, Científico del Proyecto Clúster para la ESA.
“Las futuras misiones multi-satélite permitirán estudiar en detalle estos fenómenos a pequeña escala y pondrán en contexto los descubrimientos realizados gracias a Clúster”.
ESA
NASA descubre por accidente una manera de mejorar el pronóstico del tiempo
De vez en cuando, vemos el pronóstico del tiempo y salimos a la calle con un paraguas, para encontrarnos con un día de sol radiante. O tal vez al revés: Salimos sin paraguas y nos mojamos. El pronóstico del tiempo todavía tiene espacio para mejorar, y en la NASA pueden haber descubierto algo para lograrlo.
Investigadores que trabajaban en una manera para proteger los lugares donde están los restos de las misiones Apolo en la Luna encontraron por accidente un sistema que podría aplicarse en la Tierra. Al estar trabajando en el jardín durante días de lluvia, el físico John Lane descubrió que el láser y el reflector que estaba desarrollando para rastrear polvo lunar también podía determinar de forma exacta el tamaño de las gotas de agua, algo que los sistemas meteorológicos actuales estiman, pero no miden.
La cantidad medida por el láser es llamada “segundo momento de la distribución de tamaño”, que es el promedio de gotas que pasan por una zona del láser. Según Lane, esta información puede resultar útil para completar los complejos cálculos que se hacen actualmente para determinar las condiciones del tiempo y predecirlo.
“Podríamos refinar los modelos computacionales para hacerlos más exactos. El análisis de radares meteorológicos hacen suposiciones sobre el tamaño de las gotas, así que creo que esto podría mejorar las estimaciones totales de distribución de gotas”, indicó Lane.
Originalmente, Lane trabajaba con su colega físico Phil Metzger en una forma de calibrar el sensor láser para registrar partículas de polvo que se levantan del suelo de la Luna. La investigación busca determinar cuán cerca de los seis sitios Apolo se puede estacionar un nuevo robot en el satélite natural, sin dañar los materiales que quedaron allá. El polvo que se levante podría dañar el metal de los módulos lunares, que fueron dejados en la Luna entre 1969 y 1972.
“Los sitios Apolo tienen valor científico, y desde la perspectiva ingenieril, debido a que han registrado cómo estos materiales en la Luna han interactuado con el sistema solar en los últimos 40 años. Son testigos del medioambiente”, afirma Metzger. También hay bolsas de basura que dejaron los astronautas allá arriba, y que los biólogos quieren analizar para ver qué pasó con los organismos vivos que estaban en los desechos.
El plan de la NASA es instalar un sensor láser (en el que trabajan Lane y Metzger) en la parte de abajo de uno de los robots que participan en el concurso Google Lunar X-Prize, que pretende enviar un robot pequeño a la luna en 2014.
Link: Physicist Happens Upon Rain Data Breakthrough (NASA)
Editora de FayerWayer. A veces juega videojuegos y anda en bici. Es @conysturm en Twitter.
Aseguran que Einstein describió en cartas con Schrödinger la energía oscura en 1920
En 1917 Albert Einstein publicó su texto “Consideraciones cosmológicas sobre la teoría de la relatividad general”, en el que utilizaba por primera vez el concepto de la constante cosmológica, una propuesta del científico que modificaba sus ecuaciones del campo de Einstein para permitir así la idea de la existencia de un universo estático (ya que al físico alemán le gustaba la idea de un universo sin crecimiento y Edwin Hubble aún no descubría que el universo se expande).
Al poco tiempo, su colega austríaco Erwin Schrödinger (el del gato de Schrödinger) le envió una carta donde le ofrecía una solución matemática a sus ecuaciones del campo con la constante cosmológica. La respuesta de Einstein fue un breve comentario acerca de que la solución de Schrödinger permitía que la constante cambiara, que conducía a una “densidad negativa no observable en el espacio interestelar“, y a preguntarse acerca de como ésto podría variar a través del espacio-tiempo.
Esta detallada descripción de las propiedades de algo desconocido –según una publicación del doctor Alex Harvey de la Universidad de Nueva York– sería la primera vez que alguien describe la energía oscura, esa forma de energía desconocida que explicaría por qué el universo se expande cada vez mas rápido en vez de desacelerar, como se estimaba hasta antes de 1998 (sin duda un descubrimiento que vale un premio Nobel).
Si bien Einstein rechazó posteriormente la idea de la constante cosmológica –llamándolo ‘el mayor error de mi vida‘–, según Harvey, el intercambio de cartas entre Schrödinger y Einstein entre los años 1918 y 1921 describen el principal problema que tiene a los cosmólogos modernos rompiéndose la cabeza acerca de lo que sería la energía oscura. O sea, el peor error de Einstein fue catalogar a una de sus ideas con bastante potencial como el peor error de su vida.
Lamentablemente, Schrödinger y Einstein no siguieron profundizando en el tema, porque según el físico alemán “el camino tomado por Herr Schrödinger no me parece plausible porque nos lleva a una mayor cantidad de hipótesis“, precisamente el problema actual de las teorías acerca de la energía oscura, el que nos llevan a más preguntas.
Link:Einstein Discovered Dark Energy, Says Historian of Science (Technology Review)
Soy de los que se queda dormido en el dentista, le pone pimienta a la carne y devoto de todo aparato que requiera electricidad.